Un estudio liderado por el Trinity College de Dublín y la Universidad de Pretoria, publicado en Science, revela que los tiburones y atunes de sangre caliente enfrentan un doble peligro en el contexto del calentamiento oceánico: mayores demandas energéticas y riesgo de sobrecalentamiento corporal.
Estos depredadores mesotérmicos, que representan menos del 0,1% de las especies marinas, tienen la capacidad de retener calor metabólico y mantener partes de su cuerpo más calientes que el agua circundante. Esta ventaja les permite ser más rápidos y eficientes, pero también implica un elevado costo energético.
Consumo energético extremo
El estudio concluye que estos animales consumen aproximadamente 3,8 veces más energía que los peces de sangre fría de tamaño similar.
Según el doctor Nicholas Payne, un incremento de 10 °C en la temperatura corporal puede duplicar la tasa metabólica basal, obligando a estos depredadores a ingerir aún más alimento para sostener su actividad.
El problema del sobrecalentamiento
A medida que los ejemplares crecen, sus cuerpos generan calor más rápido de lo que pueden disiparlo. Los cuerpos grandes retienen mejor el calor, lo que agrava el problema en especies con altas tasas metabólicas. Por ejemplo, un tiburón de una tonelada podría tener dificultades para mantener su equilibrio térmico en aguas por encima de los 17 °C.
Cuando se superan estos límites, los peces deben reducir su actividad, modificar su fisiología o desplazarse hacia aguas más frías, comprometiendo su capacidad de caza y supervivencia.
Adaptaciones y límites
El estudio explica patrones ya observados: la tendencia de los grandes depredadores a habitar latitudes más altas, aguas más frías o mayores profundidades, así como sus migraciones estacionales.
Algunas especies, como el atún rojo del Atlántico, pueden adaptarse temporalmente aumentando la pérdida de calor o descendiendo a mayor profundidad, pero estas estrategias tienen límites.

Vulnerabilidad en un océano cambiante
Los investigadores advierten que estos animales ya operan con un presupuesto energético ajustado, lo que los hace especialmente vulnerables cuando disminuye la disponibilidad de presas.
A esta situación se suma la sobrepesca, que afecta tanto a los depredadores como a sus fuentes de alimento, agravando el riesgo en un contexto de cambio climático.
Consecuencias del calentamiento oceánico
El aumento de la temperatura de los océanos, que absorben más del 90% del exceso de calor atmosférico, provoca:
- Blanqueamiento de corales y pérdida de hábitats.
- Aumento del nivel del mar por expansión térmica y deshielo.
- Acidificación que dificulta la supervivencia de organismos calcificadores.
- Estratificación del océano, reduciendo oxígeno y nutrientes.
- Fenómenos meteorológicos extremos, como huracanes más intensos y olas de calor marinas.
Impacto en la humanidad
- Seguridad alimentaria: la migración y desaparición de peces afecta la pesca mundial.
- Protección costera: se reduce la defensa natural contra tormentas e inundaciones.
Los tiburones y atunes de sangre caliente, íconos de los océanos, se encuentran entre los más vulnerables al calentamiento global. Su doble riesgo —altas demandas energéticas y sobrecalentamiento— amenaza su supervivencia y pone en evidencia la fragilidad de los ecosistemas marinos.
Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es fundamental para mitigar este impacto y preservar tanto la biodiversidad como la seguridad alimentaria humana.



