En los últimos días, los veraneantes en las playas de la Costa Argentina se sorprendieron con la aparición de elefantes marinos mucho más al norte de su hábitat patagónico habitual.
En realidad, los ejemplares comenzaron a aparecer en distintas playas del Atlántico Sur: además de la costa bonaerense, también se los avistó en Uruguay e incluso en el sur de Brasil.
Según los especialistas, se trata de un fenómeno atípico que podría estar vinculado a la epidemia de gripe aviar H5N1 que afectó a la especie en Península de Valdés en 2023.
Según la Wildlife Conservation Society Argentina (WCS Argentina), este brote; que mató al 97% de las crías nacidas ese año y redujo la población local en un 61%, podría explicar este cambio de hábito.
Es que la crisis habría obligado a los elefantes marinos a cambiar su «distribución y comportamiento», según explicó Valeria Falabella, directora de conservación costero-marina de WCS Argentina, razón por la que aparecen en playas más al norte.
Según el estudio realizado por la entidad junto al CONICET y la Universidad de California Davis, la recuperación de la especie tras el brote podría demorar décadas.
El mismo informe advierte que la especie está en riesgo de pasar de «Preocupación menor» de extinción a «En peligro», según los criterios de la UICN.

Nacimientos en lugares inesperados
Entre septiembre y octubre de 2024, los elefantes marinos eligieron playas bonaerenses para dar a luz. Se registraron nacimientos en Mar de Ajó, Villa Gesell, Mar del Plata, Mar Chiquita, Miramar y San Blas.
También hubo nacimientos en Río Negro y en Santa Catarina, Brasil. En octubre de 2025, un elefante marino nació en Piriápolis, Uruguay: el segundo caso allí desde 1977, y otro en el puerto de Necochea.
«Estos nacimientos y migraciones tan al norte de Península Valdés son atípicos, por lo que resulta necesario seguir monitoreando a esta población», señaló Julieta Campagna, especialista en conservación de WCS Argentina.
Cómo actuar si encontrás un elefante marino en la playa
Los elefantes marinos permanecen inmóviles en la playa durante horas porque necesitan recuperar energía. Interrumpir ese descanso les genera estrés y puede comprometer su salud.
Las organizaciones de conservación y las autoridades locales difundieron las siguientes recomendaciones:
- Mantener una distancia mínima de 30 metros de los ejemplares.
- No tocar, alimentar ni arrojarles agua u objetos.
- No acercarse con perros o vehículos, ya que pueden asustar o transmitir enfermedades.
- No intentar moverlos ni forzarlos al mar: saben cuándo regresar solos.
- No interponerse entre el animal y el mar.
- No dejar residuos plásticos en la playa.
- Dar aviso a la Fundación Mundo Marino, Defensa Civil, Prefectura Naval o guardavidas ante cualquier situación de riesgo.
«El rol de la comunidad resulta clave: una ciudadanía informada contribuye a evitar intervenciones riesgosas», destacó la Fundación Mundo Marino.
Los especialistas coinciden en que el monitoreo continuo y la educación pública son esenciales para entender cómo la especie enfrenta estos desafíos. La protección de la biodiversidad costera depende de una convivencia respetuosa.



