La muerte de la orca Kshamenk, la última en cautiverio en Argentina, llevó a recordar la historia de Keiko, la orca protagonista de Liberen a Willy, si no la conoces te la contamos a continuación.
El 5 de noviembre de 1979, Keiko, una orca macho de apenas dos años, fue capturado en Ingólfshöfði, Islandia, y separado de su familia. Junto a él también atraparon a otro integrante del grupo, llamado King. Tras una compleja maniobra, ambos fueron trasladados a un acuario en Hafnarfjörður, donde permanecieron un breve período antes de ser enviados a otros centros.
Un mes antes de su captura, el acuario Marineland de Canadá había encargado cinco orcas. El 30 de noviembre de 1979, Keiko, King, Kiska, Caren y otra orca sin nombre fueron trasladados en avión a Ontario. Allí se repartieron en distintos acuarios; Keiko fue recibido en el Estadio King Waldorf, donde comenzó su destino como animal de entretenimiento.
De Canadá a México: el ascenso de una estrella cautiva
En Ontario, Keiko aprendió a realizar vueltas, saltos y piruetas que más tarde le darían fama internacional. Sin embargo, contrajo un papilomavirus que afectó su piel y lo debilitó.
En 1985, fue vendido por 350.000 dólares al parque temático Reino Aventura, en Ciudad de México. Allí se convirtió en la atracción principal, conquistando al público y generando grandes ingresos para el centro de entretenimiento.
El salto al cine: Liberen a Willy
En 1993, cazatalentos cinematográficos se fijaron en Keiko y lo eligieron como protagonista de la película Liberen a Willy, un largometraje que narraba la amistad entre un niño y una orca cautiva que debía regresar al océano.
El éxito fue inmediato: se produjeron dos secuelas y una serie televisiva. Sin embargo, mientras el mundo disfrutaba en las salas de cine, Keiko seguía cautivo en México. El contraste entre la ficción y su realidad generó un movimiento internacional por su liberación, liderado por niños y familias que pedían que la orca regresara al mar.

Intentos de compra y traslado
Incluso Michael Jackson intentó comprarlo para su parque Neverland, pero desistió al conocer el alto costo de sus tratamientos médicos. La presión social llevó a que en 1996 Keiko fuera trasladado a Islandia, tras una estadía en un parque temático de Oregón, Estados Unidos.
El viaje se realizó en un avión C-17 de la Fuerza Aérea, adaptado con piscina. Según relató The Guardian, los veterinarios colocaban hielo en su cuerpo para mantener la temperatura del agua. “Quizás sintió que regresaba a sus aguas”, comentó el ambientalista David Phillips, del Earth Island Institute.
Rehabilitación y vida en libertad parcial
En Islandia comenzó un proceso para que Keiko aprendiera las habilidades básicas de supervivencia. Se le colocó en un corral con acceso al mar y se lo obligaba a nadar varios kilómetros diarios para fortalecer su capacidad pulmonar.
Aunque practicaba con barcos y cazaba ocasionalmente, seguía mostrando dependencia hacia los humanos. En 2002, durante una tormenta, perdió contacto con el barco que lo entrenaba y nadó hasta Noruega, donde convivió con pescadores locales y se mantuvo activo en los fiordos.
El final de Keiko y su legado
El 12 de diciembre de 2003, Keiko murió de neumonía a los 27 años. Los expertos señalaron que las orcas suelen manifestar enfermedades solo en etapas avanzadas, lo que dificultó su diagnóstico.
Su historia fue conocida en todo el mundo y dio origen a movimientos y organizaciones que luchan contra el cautiverio de mamíferos marinos. Keiko se convirtió en un símbolo global de la defensa animal, demostrando que los cetáceos no deben ser objeto de entretenimiento, sino vivir en libertad en su hábitat natural.
La vida de Keiko, desde su captura en Islandia hasta su muerte en Noruega, refleja el impacto del cautiverio en los mamíferos marinos y la necesidad de repensar la relación entre humanos y fauna silvestre. Su paso por el cine lo convirtió en un ícono cultural, pero su verdadero legado está en la conciencia ambiental que despertó en millones de personas.



