El alga Undaria, una especie invasora que se transforma en refugio para la vida marina del Atlántico Sur

Un grupo de científicos del Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos Almirante Storni (Cimas) descubrió que el alga Undaria, originaria de Asia e introducida en las costas argentinas, favorece el desarrollo de comunidades de invertebrados marinos. Su estructura grande y compleja genera nuevos microhábitats que amplían la biodiversidad en los ecosistemas intermareales.

El hallazgo se basa en muestreos realizados entre 2021 y 2022 en los sectores de Baliza San Matías y Punta Verde, dentro del Golfo San Matías. Los investigadores observaron que la presencia de la Undaria aumenta significativamente la cantidad y variedad de especies pequeñas que habitan entre las rocas, muchas de ellas esenciales para la alimentación de peces y aves locales.

Esta alga parda se distingue por su tamaño —puede alcanzar un metro de longitud— y por poseer un “grampón” similar a una raíz, que le permite fijarse al sustrato. En la costa patagónica, cumple un rol inesperado: reduce el estrés ambiental en los períodos de marea baja, mantiene la humedad y sirve de refugio frente a temperaturas extremas y depredadores.

El estudio también reveló que la Undaria podría clasificarse como una especie formadora de hábitat, ya que su presencia cambia la estructura física del ecosistema costero y mejora las condiciones para otras especies. Aunque su llegada fue accidental, su impacto ecológico está siendo reevaluado por los científicos.

El alga Undaria favorece el desarrollo de la biodiversidad marina. Foto: Conicet Cenpat.
El alga Undaria favorece el desarrollo de la biodiversidad marina. Foto: Conicet Cenpat.

Un alga viajera que se convirtió en refugio

La Undaria pinnatifida, conocida comúnmente como wakame, fue detectada por primera vez en la costa argentina en 2014, cerca de Puerto Madryn. Su arribo se produjo a través de embarcaciones internacionales, posiblemente adherida a los cascos de los buques o como esporas transportadas en el agua de lastre.

Desde entonces, se expandió por distintas localidades portuarias —como Mar del Plata, Comodoro Rivadavia y San Antonio Oeste—, colonizando tanto zonas portuarias como ambientes naturales. Su capacidad de adaptación y reproducción la convirtió en una especie establecida a lo largo de gran parte del litoral.

Aunque en otras regiones del mundo la Undaria se considera una invasora problemática, en el Golfo San Matías su papel es más complejo. Los investigadores hallaron que contribuye a disminuir la erosión costera, estabiliza el sustrato y favorece la resiliencia del ecosistema intermareal, especialmente frente al cambio climático y la variabilidad de las mareas.

Estos ambientes —que quedan al descubierto durante la marea baja y se sumergen con la alta— son zonas críticas para la fauna marina. Allí, los invertebrados que se refugian entre las láminas del alga constituyen la base de la cadena alimentaria, sosteniendo poblaciones de peces y aves del Área Marina Protegida Bahía San Antonio.

El alga Undaria favorece el desarrollo de la biodiversidad marina. Foto: Conicet.
El alga Undaria favorece el desarrollo de la biodiversidad marina. Foto: Conicet.

Los beneficios ecológicos de la Undaria

Más allá de su carácter exótico, la Undaria ofrece beneficios ambientales notables. Su estructura tridimensional proporciona sombras, humedad y refugio para pequeños organismos, lo que favorece la supervivencia durante los cambios bruscos de temperatura o exposición solar.

Además, incrementa la productividad biológica en zonas donde antes predominaban superficies desnudas o menos complejas, permitiendo una mayor retención de nutrientes y la creación de nuevos nichos ecológicos. Este efecto en cascada beneficia tanto a los ecosistemas costeros como a las especies de interés pesquero que dependen de ellos.

A nivel global, estudios similares muestran que las algas grandes como la Undaria actúan como filtros naturales, capturando carbono y purificando el agua. En ese sentido, su presencia en el litoral patagónico podría ayudar a mitigar los efectos locales del cambio climático y mejorar la calidad del hábitat marino.

Si bien su introducción fue involuntaria, el caso de la Undaria demuestra que incluso una especie foránea puede integrarse y aportar equilibrio ecológico cuando su impacto se estudia y gestiona adecuadamente. La clave está en comprender cómo sus interacciones transforman los ecosistemas y qué papel pueden cumplir en la conservación costera del Atlántico Sur.

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