La energía solar se ha convertido en el motor de la transición energética, pero la tecnología dominante —los paneles de silicio— presenta costes ambientales elevados: procesos de fabricación intensivos en energía, uso de químicos peligrosos y un reciclaje aún poco resuelto. En este contexto, las células solares orgánicas aparecen como una alternativa más ligera y flexible, aunque su talón de Aquiles ha sido siempre la rápida degradación.
Un equipo de la Penn State University, liderado por la profesora Nutifafa Doumon y el doctorando Souk Yoon “John” Kim, ha encontrado una vía prometedora para mejorar su estabilidad: el uso de un aditivo sólido llamado 9,10-fenantrenoquinona (PQ).
El papel del aditivo PQ
La PQ es un compuesto derivado de carbono e hidrógeno, económico, disponible comercialmente y con un perfil ambiental más seguro que otros aditivos habituales en la fotovoltaica orgánica. Su incorporación en la capa activa de la célula solar —donde se absorbe la radiación y se genera electricidad— reduce los procesos de degradación y mejora la eficiencia.
El estudio, publicado en ACS Materials Au y destacado en el número especial 2025 Rising Stars in Materials Science, demuestra que este enfoque no solo incrementa la eficiencia de conversión, sino que también prolonga la vida útil de los dispositivos.
Resultados de las pruebas
Las pruebas se realizaron bajo condiciones térmicas exigentes, simulando escenarios realistas de funcionamiento:
- Los dispositivos con PQ conservaron más del 93% de su eficiencia inicial tras 180 horas de exposición continua al calor.
- En comparación, células similares con un aditivo tóxico habitual mantuvieron solo alrededor del 76% en el mismo periodo.
Este incremento en estabilidad es crucial: en tecnologías aún incipientes, mejoras moderadas pueden marcar la diferencia entre un prototipo de laboratorio y un producto comercial viable.

Usos complementarios al silicio
El equipo investigador es prudente: no se plantea que la fotovoltaica orgánica desplace al silicio en grandes plantas solares o tejados. Su potencial está en nichos específicos:
- Superficies ligeras y flexibles.
- Integración en edificios (fachadas, ventanas semitransparentes).
- Dispositivos portátiles y electrónicos autónomos.
- Sensores y aplicaciones móviles donde el peso y la adaptabilidad importan más que la máxima eficiencia.
En estos escenarios, la durabilidad adicional que aporta PQ puede ser decisiva.
Implicaciones ambientales y económicas
La incorporación de aditivos sólidos como la PQ no es una solución milagrosa, pero sí un paso pragmático hacia una fotovoltaica más diversa y sostenible. Más estabilidad significa menos sustituciones, menos residuos y menores costes operativos. Además, evita recurrir a sustancias más peligrosas, alineándose con los principios de la economía circular.
El avance logrado por Penn State con las células solares orgánicas muestra que la investigación en aditivos estables y seguros puede consolidar una nueva generación de energía solar más ligera, versátil y con menor impacto ambiental. No resolverá por sí sola la crisis climática, pero cada mejora incremental suma en la transición energética.



