En el corazón de Villa La Angostura, Neuquén, rodeada por los barrios Mallín, Margaritas, Peumayén y Calafate, se extiende una reserva natural creada en 2003 con el objetivo de proteger un valioso humedal urbano, que convive con la laguna Calafate, un espacio que alberga una rica diversidad de flora y fauna.
Durante años fue un refugio para aves, anfibios y pequeños mamíferos, además de un lugar de encuentro para la comunidad. En 2018 se inauguraron senderos, bancos y un observatorio de aves impulsado por el Club de Observadores COA Tintica, consolidando su rol educativo y recreativo.
Sin embargo, el deterioro ambiental avanza. Los efluentes domiciliarios sin tratar llegan a la laguna, alterando su composición y afectando el hábitat de las especies que la habitan. El Plan de Manejo establecido en su creación —que debía garantizar su protección— se cumple solo parcialmente.
Los vecinos recuerdan con nostalgia los tiempos en que abundaban los peces y las aves acuáticas. En la actualidad, la biodiversidad se redujo drásticamente y el mallín muestra signos evidentes de degradación.

Un ecosistema clave en riesgo
El Mallín de Nahuel Huapi es mucho más que un espacio verde urbano: es un humedal, un ecosistema vital que regula el ciclo del agua, filtra contaminantes y previene inundaciones. Su vegetación actúa como un filtro natural que purifica el agua que fluye hacia los lagos y ríos de la región.
En su entorno crecen especies nativas como los ñires, radales, cipreses y maitenes, que contribuyen a la retención de nutrientes y a la estabilidad del suelo. Sin embargo, el avance urbano y la falta de control ambiental están poniendo en jaque estas funciones esenciales.
Intervenir, rellenar o modificar un mallín implica alterar su equilibrio ecológico. Cuando el humedal pierde su capacidad de absorber y depurar el agua, los nutrientes y desechos se acumulan, generando procesos de eutrofización que asfixian la vida acuática.
Además, la pérdida de cobertura vegetal favorece la erosión y reduce la capacidad del suelo para retener humedad, afectando tanto a la flora como a la fauna local. Lo que comienza como una contaminación puntual termina convirtiéndose en una cadena de desequilibrios difíciles de revertir.

Consecuencias de la degradación de la laguna Calafate
La degradación del mallín tiene impactos que van mucho más allá de su perímetro. La contaminación del agua amenaza los arroyos y lagos conectados, afectando a otras especies y reduciendo la calidad del agua potable.
La pérdida de biodiversidad implica también la desaparición de polinizadores, aves insectívoras y especies acuáticas que cumplen funciones ecológicas clave. Este deterioro repercute directamente en el equilibrio del bosque andino patagónico y en los servicios ambientales que benefician a toda la comunidad.
A nivel climático, los humedales actúan como sumideros de carbono natural. Su degradación libera gases de efecto invernadero y contribuye al calentamiento global. En contextos urbanos, además, su desaparición agrava las inundaciones y reduce los espacios naturales disponibles para la educación ambiental y el esparcimiento.
La pérdida de este humedal sería más que un daño local: sería un retroceso en la lucha por la conservación y el cumplimiento de los compromisos asumidos por Argentina en el Convenio de Ramsar, que protege los humedales como ecosistemas estratégicos para la sostenibilidad del planeta.



