El sistema alimentario mundial genera cerca de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero. Dentro de este esquema, el desperdicio de alimentos representa hasta el 10% de las emisiones globales.
Cada año se pierden o desperdician más de 1.300 millones de toneladas de alimentos, lo que implica también la pérdida de agua, energía, suelo y trabajo humano. Si el desperdicio fuera un país, sería el tercer mayor emisor del mundo.
Bancos de Alimentos: una respuesta concreta
El modelo de los Bancos de Alimentos se consolidó como una herramienta eficaz para reducir pérdidas y mejorar la distribución. La red global, presente en más de 50 países, destaca el rescate de alimentos como estrategia para disminuir emisiones y fortalecer sistemas alimentarios sostenibles.
En Argentina, donde conviven altos niveles de inseguridad alimentaria con grandes volúmenes de excedentes, el recupero de alimentos se presenta como una oportunidad doble: impacto ambiental y social.
Resultados en Argentina
Durante 2025, Bancos de Alimentos Argentina (BAA) logró rescatar y distribuir más de 21 millones de kilos de alimentos, evitando la emisión de 56 millones de kilos de CO₂ equivalente y el desperdicio de 36 millones de metros cúbicos de agua. Cada kilo recuperado preserva todo el proceso previo: producción, transporte y almacenamiento.
El sistema se apoya en un modelo logístico que conecta alimentos fuera del circuito comercial —por estética, sobrestock o cercanía a vencimiento— con organizaciones sociales que los transforman en platos de comida.

Innovación y nuevas herramientas
BAA impulsa iniciativas para optimizar el rescate:
- Directo al Rescate: una app que facilita la recuperación de microdonaciones en el sector retail, mejorando trazabilidad y eficiencia logística.
- Capacitación en territorio: prácticas de aprovechamiento integral, planificación de menús y cocina sustentable.
- Concientización cultural: promover hábitos de consumo responsables y valorar los alimentos como recurso estratégico.
Dimensión ambiental y cultural
El rescate de alimentos no solo evita que la comida termine en la basura, sino que preserva recursos naturales y reduce emisiones. Además, plantea un cambio cultural: incorporar criterios de aprovechamiento y modificar hábitos de consumo para reducir el impacto ambiental del sistema alimentario.
El rescate de alimentos se consolida como una herramienta concreta frente al cambio climático y la inseguridad alimentaria. En Argentina, la experiencia de BAA demuestra que la combinación de logística eficiente, innovación tecnológica y educación puede generar un impacto medible: millones de platos de comida y millones de toneladas de emisiones evitadas.
La agenda ambiental ya no puede pensarse sin el sistema alimentario, y dentro de este, el desperdicio aparece como una de las variables más urgentes. Cada alimento recuperado es una oportunidad doble: alimentar a quienes lo necesitan y cuidar los recursos del planeta.



