Un estudio internacional liderado por la Universidad de Göttingen, con la colaboración de la Universidad de Tübingen y equipos en Chile y Berlín, revela que los incendios forestales no solo destruyen la vegetación visible, sino que dejan una marca persistente en el suelo que puede durar décadas, alterando su estructura y nutrientes mucho después de que las llamas se extinguen.
Impacto prolongado en los suelos a raíz de incendios forestales
La investigación, realizada en bosques de Chile central, demuestra que los efectos del fuego varían según el tipo de ecosistema y el clima, lo que plantea nuevos retos para la recuperación forestal en un contexto de cambio climático.
El equipo científico aplicó la metodología de cronosecuencias, comparando suelos quemados en distintos momentos del pasado para reconstruir la evolución de sus propiedades. Se recolectaron muestras de los primeros diez centímetros de suelo en dos parques nacionales: Nahuelbuta, representativo de un bosque templado húmedo de Araucaria, y La Campana, característico de un bosque esclerófilo mediterráneo.
Las muestras incluyeron áreas afectadas por incendios recientes (dos días antes) y suelos que habían sufrido fuego hasta catorce años atrás, contrastados con suelos vecinos sin incendios en varias décadas.
Cambios detectados
Los resultados, publicados en la revista Catena, muestran que los incendios compactan el suelo, redistribuyen las cenizas y alteran los ciclos de nutrientes. Se detectó un aumento de la densidad aparente de hasta 1,2 g/cm³, un incremento temporal del pH por acumulación de cenizas y variaciones en nutrientes esenciales como calcio, magnesio y potasio.
- En los bosques templados húmedos, el suelo conservó más materia orgánica y mostró una recuperación más rápida.
- En los bosques mediterráneos, la pérdida de carbono y nitrógeno fue prolongada, dificultando la restauración incluso después de más de una década.
Según el investigador Jhenkhar Mallikarjun, la recuperación “no es homogénea”: mientras los bosques templados se benefician de vegetación resiliente y mayor pluviosidad, los mediterráneos permanecen degradados por más tiempo.

Implicaciones para la gestión forestal
La profesora Michaela Dippold subrayó que comprender cómo el fuego afecta la recuperación de nutrientes es clave para predecir la respuesta de los bosques ante incendios más frecuentes. Esto tiene consecuencias directas en el almacenamiento de carbono, la regulación del agua y la productividad forestal.
Los investigadores advierten que aplicar estrategias de reforestación idénticas en todos los ecosistemas puede comprometer la eficacia de las inversiones en restauración y la resiliencia a largo plazo de los bosques y las comunidades que dependen de ellos.
Riesgos adicionales: metales tóxicos en el suelo
Los incendios también pueden transformar minerales del suelo en contaminantes peligrosos. Una investigación de la Universidad de Oregón, publicada en Environmental Science & Technology, señala que el cromo, normalmente un micronutriente esencial, puede convertirse en cromo 6, un metal pesado tóxico y carcinógeno, tras la exposición a altas temperaturas.
El estudio, liderado por la edafóloga Chelsea Obeidy (Universidad Politécnica Estatal de California, Humboldt), mostró cómo el cromo 3, inocuo en condiciones normales, se transforma en cromo 6, asociado a cánceres de pulmón y senos paranasales. Este hallazgo evidencia riesgos ambientales persistentes en zonas propensas a incendios.
Los incendios forestales no solo afectan la superficie visible de los bosques, sino que dejan una huella invisible y duradera en el suelo, alterando nutrientes, estructura y hasta la composición química de los minerales. Estos hallazgos refuerzan la necesidad de diseñar estrategias de restauración diferenciadas según el ecosistema y de considerar los riesgos ocultos que el fuego genera en la calidad del agua y la salud ambiental.



