COP30 en perspectiva: ¿Qué se logró y qué faltó?

Por: Nasha Cuvelier 

Elaborar un resumen exhaustivo de la conferencia es una tarea que inevitablemente quedará incompleta considerando que la COP reunió a más de 50.000 participantes y se debatieron más de cien documentos oficiales. 

En términos generales, la organización y la logística resultaron altamente desafiantes para numerosas delegaciones: precios desorbitados en los alojamientos, condiciones extremas de temperatura y humedad dentro y fuera de las zonas oficiales, lluvias tropicales que llegaron a filtrarse en la carpa principal afectando stands, e incluso un pequeño incendio (rápidamente controlado) cuyas imágenes circularon ampliamente.

En materia de procedimientos y ambición, distintos países denunciaron que los resultados fueron insuficientes. Durante el plenario final, las objeciones planteadas por Colombia y Uruguay (en representación de otras delegaciones) no fueron incorporadas al texto adoptado.

Aun con estas limitaciones, desde Sustentabilidad Sin Fronteras consideramos importante destacar los siguientes puntos:

Un contexto desafiante

Esta COP no estuvo exenta del contexto internacional. Simon Stiell, presidente de la CMNUCC, dijo al cierre “Sabíamos que esta COP se celebraría en un contexto político tormentoso. El negacionismo, la división y la geopolítica han asestado duros golpes a la cooperación internacional este año”. Sin embargo cabe destacar que luego de la salida de Estados Unidos del acuerdo de París, ese acto no tuvo eco y los 194 estados parte restantes se mantuvieron firmes.

Si bien el resultado de las negociaciones no está a la altura de lo que nos sugiere la mejor ciencia disponible que sería lo más seguro y sensato, también es cierto que sin estos espacios es muy probable que estaríamos mucho peor. Antes de la firma del Acuerdo de París la proyección de aumento de la temperatura global hacia fines de siglo era de 4°C grados y hoy es más cercana a 2°C. Sin embargo, la organización Climate Action Tracker publicó su última proyección de calentamiento global según el nivel de ambición de las NDC. La estimación se mantiene en 2,6 °C para 2100, lo que indica que ha habido “poco o ningún progreso medible” en los últimos cuatro años. 

Con todos sus desafíos, la diplomacia multilateral y los espacios de Naciones Unidas han probado ser beneficiosos en la búsqueda de soluciones pacíficas a problemas globales complejos. 

El abandono de los combustibles fósiles, no tuvo hoja de ruta 

Lula Da Silva, el presidente de Brasil, en la COP30 en Belém.

La propuesta de crear una “hoja de ruta” para dejar atrás los combustibles fósiles marcó gran parte de la discusión en la COP30, aunque no formaba parte de la agenda oficial. El presidente Lula impulsó públicamente la idea al pedir un plan global para superar la dependencia del petróleo, gas y carbón. En los primeros días de la COP, varios países respaldaron la propuesta junto con varias organizaciones de la sociedad civil. Con el correr de las negociaciones, el apoyo creció a unos 80 países, incluyendo naciones productoras como Colombia, Australia, Noruega y Guyana.

Pese al impulso político, existía incertidumbre sobre si la hoja de ruta integraría el texto negociado o si se manejaría por fuera. Un primer borrador del acuerdo principal (“global mutirão”) incluyó opciones para mencionarla, pero con formulaciones débiles. Muchos ministros reclamaron fortalecerla. Paralelamente, un grupo grande (también estimado en unos 80 países) expresó rechazo, incluyendo petroestados como Arabia Saudita y Rusia. Sin embargo, esa lista nunca se hizo pública. La UE sumó su apoyo más tarde y propuso su propio lenguaje. 

Aun así, los borradores posteriores eliminaron toda referencia a la hoja de ruta. Varios países enviaron cartas advirtiendo que no podrían apoyar un texto sin esa mención. 

El viernes, 24 países firmaron la “Declaración de Belém sobre la transición justa lejos de los combustibles fósiles” y Colombia y Países Bajos anunciaron que organizarán en abril de 2026 la primera conferencia internacional sobre transición energética en Santa Marta.

Al cierre, el presidente de la COP30 admitió que algunos países querían mayor ambición y anunció que la presidencia elaborará dos hojas de ruta paralelas (una sobre combustibles fósiles y otra sobre deforestación) que serán presentadas en la próxima COP, fuera del proceso formal.

Adaptación, avances y frustraciones

La COP30 fue presentada como la “COP de la adaptación”. El resultado principal fue la adopción de 59 indicadores para medir avances en la Meta Global de Adaptación (GGA), muy por debajo de los 100 inicialmente propuestos. También se acordó un proceso de dos años (“Belém–Addis”) para seguir refinándolos.

El debate central giró en torno al financiamiento para la adaptación. El texto final del mutirão pide esfuerzos para triplicar el financiamiento hacia 2030 (comparado con 2025), aunque sin montos claros ni una base oficial. Esto diluye pedidos más firmes de los países vulnerables, que reclamaban triplicar los fondos a 2030. El financiamiento actual es muy insuficiente: en 2023 se entregaron USD 26.000 millones, lejos de los USD 310.000 millones anuales que estima UNDP.

bosques tropicales

Nuevo fondo para los bosques tropicales

Personalmente impulsado por Lula, se lanzó el “Fondo Bosques Tropicales Para Siempre” (TFFF por sus siglas en inglés). Su objetivo es pagar a los países por mantener en pie sus bosques tropicales, combinando financiamiento público y privado. Busca recaudar USD 25.000 millones de países donantes y filantropías, y atraer otros USD 100.000 millones del mercado financiero. En su lanzamiento recibió USD 6.6 mil millones de Noruega, Brasil, Portugal, Francia, Países Bajos y Alemania. Fue respaldado por 53 países.

El mecanismo podría beneficiar a 74 países forestales, incluidos los de la Amazonía y el Congo. Sin embargo, expertos cuestionan requisitos complejos para acceder a los fondos (como gestión financiera transparente y destinar 20% a pueblos indígenas) y advierten que la conservación no debería depender de volatilidad financiera. Más de 150 organizaciones indígenas y de la sociedad civil criticaron la iniciativa por no abordar las causas estructurales de la deforestación ni priorizar a comunidades locales.

Financiamiento

El financiamiento no fue el tema central de la COP30, pero influyó en casi todas las discusiones. India, los países árabes y otros países en desarrollo lograron que el mutirão incluyera un nuevo programa de trabajo sobre financiamiento climático y el objetivo de triplicar el financiamiento para adaptación.

La mayoría de los debates se vincularon al nuevo objetivo global acordado en 2024: USD 300.000 millones anuales para 2035 y un objetivo más amplio de USD 1,3 billones, considerado insuficiente por muchos países en desarrollo. Estimaciones recientes señalan que para cumplir los objetivos del Acuerdo de París se requieren inversiones mucho mayores: entre USD $6,3 y 6,7 billones por año hacia 2030, y USD$7 a 8,1 billones por año hacia 2035. Los países donantes (UE, Reino Unido, Japón) se resistieron a metas más ambiciosas, alegando presiones fiscales internas.

Los países en desarrollo insistieron en que el financiamiento público es obligatorio según el Artículo 9.1 del Acuerdo de París, mientras que los países desarrollados defendieron una interpretación más amplia que incluye capital privado. Se adoptó un programa de 2 años que ratifica la meta de movilizar 1.3 billones de dólares anuales al 2035, pero sin mecanismos de ejecución y control, e incluye un compromiso de triplicar la financiación de adaptación respecto de niveles recientes. 

Respecto al objetivo de USD 1,3 billones, la hoja de ruta “Baku–Belém” (que prevé principalmente financiamiento privado) fue mencionada sólo como referencia, aunque el texto final pide “avanzar urgentemente” hacia esa escala de financiamiento para 2035.

Nuevo mecanismo de Transición Justa

El programa de trabajo sobre transición justa (JTWP) cerró con lo que muchas organizaciones consideran una victoria para la sociedad civil: la creación de un mecanismo institucional de transición justa. Inspirado en la propuesta del “Belém Action Mechanism” (BAM), este nuevo espacio brindará apoyo técnico, coordinación y acompañamiento a los países para avanzar en transiciones justas de manera más estructurada y accesible. Su aprobación llegó pese a la resistencia de países como Noruega y el Reino Unido, que argumentaban duplicación de esfuerzos y falta de financiamiento, y a la propuesta alternativa de la UE de un plan de acción menos ambicioso.

Tras dos semanas de negociaciones intensas, los países lograron acordar un mecanismo formal y no solo un plan, algo que fue recibido con aplausos en el plenario final. Aunque el texto se debilitó en otros puntos (sin referencias a combustibles fósiles, minerales críticos o medidas comerciales), este mecanismo marca un hito histórico: por primera vez, una decisión de la COP incorpora explícitamente derechos laborales, derechos humanos, consentimiento libre, previo e informado y la inclusión de grupos marginados como pilares para acelerar una transición justa a nivel global.

pobreza extrema
pobreza extrema

Integridad de la información 

Por primera vez se trabaja de manera oficial la integridad de la información. Se presentó una declaración internacional para combatir la desinformación climática y promover información científica y confiable. El documento, respaldado inicialmente por diez países, se basa en los derechos humanos y en los principios del Acuerdo de París.

Lula, Guterres y la directora de la UNESCO resaltaron que la desinformación, el negacionismo y los ataques a periodistas y científicos amenazan la acción climática y la estabilidad social.

La Declaración compromete a los países a reforzar la integridad informativa, proteger a quienes investigan y comunican sobre el clima, fortalecer medios diversos, asegurar acceso equitativo a información precisa e integrar estos principios en la agenda de Acción para el Empoderamiento Climático.

Manifestación contra los combustibles fósiles pidiendo que se respeten los derechos de las comunidades indígenas en COP30 en Belém (Brasil). EFE/ Fraga Alves

Pueblos originarios 

Los pueblos originarios sólo representan cerca de un 5% de la población mundial, pero conservan una parte muy significativa de los ecosistemas terrestres y han sido presentados como los “guardianes de la biodiversidad”. Aunque hubo una participación histórica de representantes de pueblos originarios (se estima que fueron más de 3.000), gran parte fue simbólica: sólo una fracción accedió a los espacios de decisión.

En un texto durante la COP30 la secretaría ejecutiva de la CMNUCC reconoció que la salud de la tierra, del agua y del cielo es inseparable de la salud de las comunidades, subrayando que los pueblos indígenas deben tener participación real en la toma de decisiones, no sólo visibilidad.

Aunque se concretaron algunos avances simbólicos (como designar territorios, incorporar derechos indígenas en documentos oficiales, y abrir espacios de diálogo público) dichos avances aún resultan insuficientes para garantizar una transición climática justa, inclusiva y respetuosa.

El rol de los subnacionales

Antes del inicio formal de la COP30, en el marco del Foro de Líderes Locales, el Pacto presentó la publicación «The strength of cities: Latin America’s call to action at COP30», que reúne más de 100 proyectos climáticos ya en marcha en ciudades de América Latina

Con esta iniciativa, los gobiernos subnacionales buscan demostrar que la acción climática no espera: muchas ciudades ya implementan medidas de mitigación, adaptación, transición energética, seguridad alimentaria, participación ciudadana e inclusión social

El objetivo es dar visibilidad al liderazgo local, posicionando a alcaldes, gobernadores y autoridades regionales en el centro de la agenda climática global, y conectar estas acciones concretas con los debates internacionales de la COP30. 

El foro funcionó como una plataforma de gobernanza multinivel, reuniendo Cumbres y Foros (como la cumbre de alcaldes de C40 Cities, el Foro de Ciudades de la Amazonía, la Cumbre Global de Estados y Regiones, entre otros) para coordinar, compartir experiencias y movilizar soluciones locales hacia los objetivos globales.

En un contexto de creciente negacionismo climático a niveles nacionales/federales, el rol de los gobiernos subnacionales se vuelve aún más relevante siendo los que mantienen viva la política climática y la implementación local de soluciones. 

Argentina en la COP30 

Argentina participó en la COP30 con una delegación mínima, integrada únicamente por tres representantes: dos técnicos y una sola autoridad política, la directora de Asuntos Ambientales de la Cancillería.

El país no presentó la actualización de sus compromisos climáticos (NDC 3.0), prevista para esta cumbre, y careció de una hoja de ruta clara en materia de mitigación, adaptación y resguardo de derechos.

En las negociaciones clave (incluyendo transición energética, género, derechos humanos y justicia climática) Argentina adoptó posturas restrictivas, en evidente contraste con las demandas globales de mayor ambición y coherencia con la ciencia climática.

No obstante se destacó la participación de gobiernos subnacionales con la participación de 9 provincias y varios municipios

Conclusión 

Evaluar los resultados de la COP30 en términos dicotómicos (éxito o fracaso) sería impreciso e insuficiente, no es del todo acertado evaluar los avances año a año sino como un proceso. La cumbre dejó avances leves y moderados en distintos frentes, entre ellos adaptación, financiamiento, protección de bosques y transición justa, todo ello en un contexto atravesado por desafíos geopolíticos sin precedentes donde destaca el avance de las ultraderechas y el cuestionamiento al multilateralismo. Ante esta realidad, resulta significativo que los espacios de diplomacia internacional se mantengan activos y que los 194 Estados Parte del Acuerdo de París continúen comprometidos con este proceso.

No obstante, la ciencia es clara, y la realidad nos lo demuestra en el día a día, la ambición actual y la implementación de lo comprometido es ampliamente insuficiente para encaminar al mundo hacia una trayectoria de desarrollo compatible con un clima seguro. Los resultados de esta COP se podrán medir en función de lo que hagamos de acá a 2030, y ese camino se define hoy en las decisiones concretas que tomen gobiernos, empresas y sociedad civil para acelerar una transición justa alineada con la ciencia.

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